"El cartero toca dos veces"
Un Fan Fiction de Rurouni Kenshin

Por: Sailor Sun & Sailor Phoenix


Capítulo 5. Cuentas Pendientes

El sake y el té habían sido repartidos, y todos reían al ver la discusión que sostenían Kaoru y Kenshin para ver quién hacía el brindis.
Kenshin: Oh no, Kaoru, hazlo tú!
Kaoru: Pero yo... mejor tú.
Sanosuke: Bueno, decídanse ya, que tengo hambre!
Saito: Bien, por primera vez estoy de acuerdo contigo, cabeza de chorlito.
Misao: Si les da tanta pena, háganlo juntos!
Yahiko: Ah, si claro, y así se infunden valor!

Yahiko dijo esto sonriendo pícaramente; en ese momento, la sandalia de Kaoru hizo colisión con la cara de Yahiko.
Kaoru: Cállate Yahiko!

Después de esto, la pareja se levantó y Kaoru inició su pequeño discurso:
Kaoru: Bien, fueron muchos los peligros que tuvimos que enfrentar en Kyoto, y por un momento pensé que no venceríamos ni nos reuniríamos...
Hiko: Hasta que aparecí yo!
Kenshin: Maestro!

Después de lanzarle una pequeña mirada fulminante a Hiko, Kaoru prosiguió.
Kaoru: ...pero el verlos reunidos a todos como amigos, me llena de mucha alegría.

En este momento unas lágrimas brotaron de sus ojos, y Kenshin tomó la palabra:
Kenshin: Es el deseo de Kaoru, y mío...
Sanosuke: invitarnos a su boda el próximo mes, jajajaja!

Ahora era la sandalia de Kenshin la que descansaba en el rostro de Sanosuke, lo cual provocó una risa general ante la reacción del pacífico Kenshin.
Kenshin: Ejem!...es nuestro deseo que lo que nos una no sean las batallas, sino una genuina amistad entre todos nosotros. Salud!
Todos: SALUD!!!



Misao, quien había recuperado algo de su buen humor (en parte gracias a los comentarios de Hiko, Yahiko y Sanosuke), empezó a molestar a Yahiko.
Misao: Conque bebiendo té, Yahiko-chan?
Yahiko: Ahh! No me llames así; además no veo que estés tomando sake, jajaja!
Misao: Bueno, pero por lo menos si lo hiciera, no me emborracharía como cierta persona que conozco!
Yahiko: Ah, Sanosuke!!! Le dijiste.

El orgullo samurai de Yahiko sufría ante las carcajadas de Misao y Sanosuke, pero al final él también se rió al recordar aquella ocasión.



Aoshi: ¿Kaoru?

Kaoru se sintió sobresaltada ante la voz de Aoshi.
Kaoru: S-sí-sí, dime Aoshi?
Aoshi: No había tenido la oportunidad de agradecerte por lo que Yahiko y tú hicieron por el Aoiya; en verdad te lo agradezco mucho.

Mientras decía esto, le obsequiaba una de las flores del centro de mesa; al ver esto los ojos de Kaoru se fueron agrandando y sus mejillas se pusieron tan rojas como el cabello de Kenshin, lo cual no pasó desapercibido a la mirada de Hiko.



Megumi: Entonces Saito, te vas a quedar mucho tiempo en Tokyo?

Al escuchar esta pregunta, Sanosuke dejó de pelear con el necio de Yahiko, y centró toda su atención en la nueva conversación.
Saito: Sólo me quedaré un par de semanas, y después regresaré a Kyoto.
Sanosuke: Pues espero que esas semanas pasen rápido!
Megumi: Qué te sucede Sanosuke? Estas muy violento, incluso demasiado para ti.
Saito: Lo que pasa es que siente la impotencia por no poder superar mis habilidades.
Sanosuke: Bueno, ya quisiera verte ejecutar el Futae No Kiwami, cara de lobo!
Saito: Lo único que vas a ver es el suelo, chiquillo!

Sin darse cuenta, ambos se fueron acercando, acorralando a Megumi, quien se vio en la necesidad de poner orden.

Kenshin: Maestro, está muy pensativo.
Hiko: Únicamente pienso en la diversión que iniciará...pronto. (lo dijo mientras tomaba un poco de sake ante la mirada atónita de su pupilo)

La fiesta transcurrió sin mayores incidentes, entre remembranzas, bromas y risas. Cuando habían terminado de cenar, Sanosuke se levantó y le dijo a Saito:
Sanosuke: Espero que recuerdes tu promesa, Saito.
Saito: Te refieres a la de partirte la cara, por supuesto.
Megumi: Sanosuke, por favor, no pelees.
Sanosuke: Te preocupa Saito, verdad?

Y sin darle tiempo a responder, Sanosuke se dirigió al jardín, donde ya se encontraba Saito, y los demás invitados que se disponían a disfrutar de un buen espectáculo. Megumi en un suspiro dijo "Gran tonto, eres tú por quien me preocupo!". Ambos luchadores estaban en posición.
Kaoru: Kenshin, no crees que esto sea contraproducente?
Kenshin: Bueno, conociendo a Sanosuke, si no lo dejáramos pelear eso sí sería contraproducente.

Sanosuke: PREPÁRATE SAITOOO!

Sanosuke corrió rápidamente, dispuesto a darle un buen puñetazo a Saito, pero éste, evitándolo hábilmente, estiró la pierna, haciendo que su oponente se tropezara y cayera al suelo.
Hiko: Vaya, es peor que Kenshin cuando empezó su entrenamiento.
Kenshin: Maestro!
Saito: ¡Esto es lo que sucede cuando desconoces el ABC de la defensa!
Sanosuke: ¡¡¡CALLATEEEE!!!

Prosiguió su ataque con una serie de puños consecutivos, los cuales eran detenidos por Saito. Con la fuerza de un rayo, Saito propinó un golpe estilo Gatotsu en el estómago de Sanosuke, que provocó que éste diera contra el suelo nuevamente.
Saito: Te rindes, estúpido?

La respuesta de Sanosuke fue un golpe en la barbilla que hizo flaquear a Saito, y retrocedió unos pasos. Sanosuke iba dispuesto a dar el golpe final, pero Saito se le adelantó y le dio un golpe tal que lo dejó semi inconsciente en el suelo. Sólo pudo suspirar una palabra casi inaudible: "Me...gumi"
Kaoru: ¡Saito, eres un exagerado, no tenías por qué noquearlo!
Saito: No te preocupes, esto no le hará nada. Solamente espero que con esto ya dé por terminada nuestra pelea.

El ruido de unos truenos lejanos anunciaban una tormenta que se acercaba. Entre Hiko y Aoshi levantaron al inconsciente Sanosuke.
Aoshi: ¿Y ahora qué hacemos?
Kenshin: Lleven a Sano a mi cuarto, no está en condiciones para dejarlo solo en su casa.
Megumi: Se acerca una tormenta, será mejor que regrese a casa.
Saito: Ya es tarde para que vayas sola. Te acompañaré pues me queda de camino.
Megumi: Gracias Saito...eso creo.

Después de verificar que Sanosuke no tenía ninguna herida de consideración, Megumi se fue acompañada por Saito. Eran las 10:30 de la noche, cuando todos los invitados estaban en sus respectivos cuartos, pero Misao sentía la necesidad de hablar con alguien, por lo cual se dirigió al habitación de Kaoru.

Misao: Kaoru...puedo entrar?

En la mente de Kaoru surgió una interrogante: "¿Cómo le explicaré a Misao los sentimientos de Aoshi?"
Misao: Kaoru...yo...

No pudo terminar la frase, y no hizo más que tirarse en el regazo de Kaoru y llorar como la niña que es, lo cual no permitía que la tarea de Kaoru fuese más sencilla.
Misao: Fue horrible Kaoru!
Kaoru: ¿Qué fue horrible?

Misao le contó cómo le había escrito una carta a Aoshi, y lo que él le había dicho sobre la misma.
Kaoru: Misao...tal vez este no sea el mejor momento, pero debes saberlo.
Misao: Saber qué? Anda Kaoru, dime; dime la verdad, por favor.

Kaoru sacó un sobre blanco, y entregándoselo a Misao, dijo:
Kaoru: Anda, léelo.

Al leer la carta, Misao sintió cómo un calor volcánico recorría todo su cuerpo, empezó a temblar, cuando se dio cuenta que tenía en sus manos una de las cartas que ella escribió, pero el contenido fue lo que más la impactó.
Misao: ¿Flores? ¿Admirador secreto?
Kaoru: Sí, y fue...fue..fue Aoshi quien me dio las flores para el arreglo de la mesa.

De un calor volcánico pasó a un frío invernal que le recorría la espalda. Misao entonces comprendió que Kaoru había recibido la carta equivocada. "¿Pero quién tiene la carta de Himura?" se preguntaba, pero su conversación mental fue interrumpida por Kaoru.
Kaoru: Misao...cómo te sientes?
Misao: ¿Pero estás segura que es Aoshi?
Kaoru: Bueno...yo...él hizo lo que decía el anónimo.
Misao: ¿Pero tú lo amas?
Kaoru: Yo...yo lo aprecio, él ayudó a Kenshin en su batalla contra Shishio, y gracias a él, Sanosuke, Kenshin y Saito están vivos...pero amarlo...

Después de una breve pausa, Kaoru dijo:
Kaoru: No. Amarlo es otra cosa, y debo hablar con él para que lo entienda.
Misao: NOOOOO! Digo, eh... no puedes confiar en un anónimo. Siempre pueden ocurrir errores cuando desconoces la identidad de la persona que los envía. Mejor espera un poco a ver qué sucede, y tal vez tus dudas se aclaren.
Kaoru: Pero todavía no me has dicho qué sientes.
Misao: Ya te lo dije; un anónimo solamente lo envía alguien que no puede expresar abiertamente sus sentimientos. Y el señor Aoshi que yo conozco no es así.

Misao se despidió de Kaoru y rápidamente se dirigió al cuarto del desdichado cartero. Mientras esto ocurría, Yahiko, descansando en su habitación, recordó que tenía una lectura pendiente con respecto a la carta de un lobo romántico. Abrió el sobre delicadamente y extrajo la carta. Yahiko sintió un frío similar al de Misao, cuando se dio cuenta que la carta que tenía en su mano era la que debía haber recibido Kaoru. Se sintió algo mareado y en eso entró Misao.
Misao: ¡Yahiko!
Yahiko: Misao, estamos en graves problemas!!

Lentamente Sanosuke iba recobrando la conciencia. Al abrir sus ojos vio que estaban a su lado Kenshin y Hiko.
Sanosuke: ahh....dónde estoy?
Kenshin: Estás en mi habitación, Sano. ¿Qué te sucedió? Comprendo que quisiste pelear con Saito, pero creo que exageraste, amigo.
Sanosuke: Bueno...yo...tengo mis razones.

Un leve brillo alumbró su mirada, el cual fue captado por Hiko (qué receptivo es el maestro Hiko--ahhh!). Nuevamente Sanosuke se durmió, y Hiko se despidió de su pupilo para retirarse a su cuarto.

La agitación en el cuarto de Yahiko era enorme, mientras ambos se pedían explicaciones.
Misao: ¡Le entregaste la carta equivocada a Kaoru!
Yahiko: Ya me di cuenta.
Misao: ¿A qué te refieres? Dime Yahiko.

Le entregó a la joven la carta que él tenía en su mano. Misao se sintió mareada y algo enojada.
Misao: ¡¡Te dije que te fijaras en el orden de las cartas, te dije que lo aprendieras de memoria. Le diste el anónimo a Kaoru!!
Yahiko: ¿¿EL ANÓNIMO?? Pero si yo tenía las cartas en el orden en que me las diste. Además hay algo peor.

Misao se sintió desmayar cuando Yahiko le dijo que la carta que Saito quería enviar a Tokyo estaba perdida, y posiblemente entregada a alguien más. Pasó una hora. Llovía copiosamente. Finalmente, Yahiko se levantó y dijo:
Yahiko: Sólo hay una persona que nos puede ayudar a resolver este problema.
Misao: Sí, estoy de acuerdo Yahiko.

A media noche, dos sombras cruzaron sigilosamente el dojo, tocando suavemente una puerta. Al instante una voz les respondió: "Entren...los estaba esperando". Ante ellos estaba la única persona que podría sacarlos de este aprieto: Hiko Seijuro.



FIN DEL CAPITULO 5

Próximamente el capítulo 6: " Misao y Yahiko dan guerra, y Hiko pone paz"